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Misericordiosos como el padre


Mensaje de nuestro Director

Muy queridos lasallistas:

Septiembre es un mes que identificamos con valores patrios, celebraciones llenas de color y música celebrativa de nuestra identidad mexicana, lo que nos brinda ocasiones de reunión festiva con nuestra familia y amigos al grito de ¡Viva México!

Para los lasallistas, este mes conmemoramos a nuestro Hermano Salomon Leclerc, quien fue el primero de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en ser mártir y también el primero de los mártires de nuestra Congregación en ser beatificado (17 de octubre de 1926) y a quien S.S. Francisco canonizó el 16 de octubre de 2016; y conmemoramos también a los Beatos Mártires de los Pontones de Rochefort: Hno. Uldaric (Jean‐Baptiste Guillaume), Hno. León (Jean Mopinot) y Hno. Roger (Pierre‐Sulpice Faverge), quienes fueron beatificados el 1 octubre 1995.

Viene ahora el tiempo de redoblar esfuerzos durante el periodo de exámenes y de esmerarnos en las entregas finales, que involucran también a nuestras familias, de las que, sobre todo en este periodo, demandamos –aún más– apoyo.

En ambos casos, les invito no sólo a conocerles a través de las diversas fuentes de que disponemos, sino también a adentrarnos en las virtudes que cultivaron a lo largo de sus vidas y que les permitieron afrontar las duras pruebas de vida y de fe, ya que la santidad es un estado al que todos estamos invitados, cuestión que Su Santidad Francisco aborda en la Exhortación apostólica Gaudete et exsultate:

Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales.

A la luz de estas consideraciones, la santidad no es sino seguir a Jesús, vivir cada día, cada asunto que nos toca, esforzándonos por hacerlo muy bien, sabiéndonos depositarios del amor más grande y más misericordioso, y en correspondencia, tomar todas las oportunidades de amarlo a través de cada una de nuestras obras y eso incluye el disfrutar de los momentos de convivencia, a los que podemos sumar la posibilidad de compartir, de alguna manera, con los que menos tienen, recordando que todos somos hijos del mismo Padre Bueno.

En ese tenor, muy querida Comunidad Educativa: ¡Viva México! ¡Viva Jesús en nuestros corazones por siempre!





Con Profundo Afecto


Hno. Ángel Ibarguren Aguirre

Director General


I N D I V I S A   M A N E N T





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